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Sunday, 1 January 2023

DONDE ME EQUIVOCARON

Escribir es saber entender los registros del alma humana. No es posible detallar cómo se siente un personaje si tú previamente no has pasado en alguna ocasión por una situación cercana.

Por eso, cuando me toca enfrentarme a alguna emoción que me sobrepasa, escucho para saber lo que todavía me queda por aprender. Hay una carta que se repite en mi vida: cada ocasión difícil encierra un regalo para ti. Y digo yo, ¡déjate ya de regalos! Este otoño no he parado de encontrarme regalos en situaciones complicadas y ésto conlleva un importante desgaste emocional.

Decir adiós a lo que ha sido mi vida durante muchos años. De pronto, encontrarme con la incertidumbre de algo que por lo visto envidia todo el mundo. Cobrar sin trabajar, ¡como si fuera tan fácil desprenderte de ese tu otro yo que tiene todo estructurado en torno a la jornada laboral! De acuerdo, es un importante regalo, pero no me envidies antes de tiempo, antes al menos de que yo me haya situado, que me acaba de llegar. Tampoco es algo que haya ocurrido por azar o casualidad. Me ha costado mucho llegar hasta aquí.

Comienzo el año adrede sin ningún balance, sin ningún propósito. El paso del tiempo va a ser mañana el mismo aunque haya menos celebración. El mes de diciembre ha sido muy intenso, no quiero más sobresaltos. Además, el día de Nochevieja, haciendo las últimas compras para los días de fiesta, me dí cuenta de que la chica de la lotería estaba muy triste: “¿Te encuentras bien?”, le pregunté. Y me dijo: “Y ¿cómo quieres que esté? Ay, que no te has enterado aún. Mi marido falleció el 17 de diciembre”. Ya no quise saber más. Le ofrecí mi mano por debajo de la mampara, por donde te da los billetes de la primitiva, y las estrechamos en señal de pésame. Me quedé sin palabras. Un chico joven, no he querido preguntarle nada, ¿qué más da? Estaba hace nada allí, tan agradable, tan joven y tan simpático, deseándome siempre “Suerte”. El libro tibetano de la vida y de la muerte de S. Rimpoché no cesa de recordarme que, o aprendemos a pensar en la propia muerte, o no vamos a ninguna parte. Pensar en la muerte nos da la medida de la vida. Nos pone rápidamente en nuestro sitio. El resto pasa a ser accidental, relativo.

Tenía ilusión por un reencuentro que resultó ser un desastre, no sé si por ser yo quien soy o porque mis interlocutores acudieron a la cita un tanto bebidos. Sea lo que fuera, me sentí momentáneamente hundida hasta que entendí que una no elige sus circunstancias ni cómo se desarrollan las cosas. Aunque vayas con el corazón en la mano, éso no es garantía de nada. Es más, sabiendo desde el principio que aquello no tenía visos de ser una buena idea, seguí insistiendo, pensando en que así podría entender cuál era mi lugar. Y sí, lo entendí, ¡vaya que si lo entendí!, aunque entenderlo me haya hecho llorar por dentro de lo lindo. Cuando se hunde un barco no es por el agua que hay fuera sino por la que dejas llenarse. Sienta bien llorar, es como si achicaras el barco para que no se hunda. Cuesta mucho que nadie entienda que estás más o menos repuesta de unas cuantas muertes, como si a ti te interesara recordarlo a los demás. ¡No precisamente! Es más sencillo que todo eso. Estoy siguiendo el camino que necesito para recorrerlo. Por primera vez me siento conectada conmigo misma, me escucho como nunca antes lo hice, y ahora resulta que no, que eso es estar ahí dando vueltas a lo mismo. Respiro tranquila, creo que estoy haciendo lo que necesito. A no ser que no sea lo que se espera que haga.

No sé en qué momento me equivocaron.






Sunday, 24 April 2022

MANUAL DE SUPERVIVENCIA

Hay dos aprendizajes que te pueden salvar la vida y que tenemos muy dejados de lado: los primeros auxilios y nociones básicas sobre gestión emocional.

Esta semana, la mujer de un forense ha fallecido atragantada por culpa de un trozo de zanahoria en un restaurante de Marbella. Los primeros auxilios son algo muy físico: se ve y se puede actuar de alguna forma. Hay que saber cómo y haberlo practicado. Deberíamos procurarnos formación en ese terreno porque se pueden salvar vidas, nos contaba ayer la profe Bego. Ella misma, siendo muy joven, le hizo la maniobra de Heimlich a un chico que estuvo a punto de ahogarse en un banquete de boda. «Estaba totalmente azul. Como era un hombre grande, cogí carrerilla para comprimirle con fuerza la región abdominal y ayudarle así a expulsar lo que obstruía su aparato respiratorio». Le salvó la vida.

En cuanto a la gestión emocional, deberíamos hacer lo mismo: aprender y luego ayudar a mejorar nuestras vidas. Aunque no es algo que percibamos de esa forma tan urgente, vamos muy despistados. Ojalá la gestión de las emociones fuese algo sencillo. De todas las cosas que nos ocurren en nuestra vida, la más importante se centra en cómo nos van las relaciones interpersonales. Si sabemos o no expresar nuestras necesidades y entender las que tienen los otros, si sabemos o no dejar espacio, ayudar, pedir y recibir ayuda. Bego nos contó también un cuento que te hace pensar un buen rato: una mujer tuvo siete hijos y se dedicó toda la vida a decirle al mayor que no tenía que haber tenido el séptimo. Cuando su hijo mayor fue a casarse ¿cuántos hijos crees que tuvo? Seguramente pensarás que seis o ninguno. Pues no: tuvo siete. Para poder decirle durante toda la vida al mayor que no tenía que haber nacido el séptimo. Es devastador comprobar cómo se repiten los patrones y roles disfuncionales dentro de un grupo de personas a lo largo de generaciones. Salirse de forma consciente del rol con el que funcionas como “tu verdad”, que te ha sido asignado de forma inconsciente, cuestionarlo, ya es toda una hazaña, aunque no lo consigas del todo.

Leo un artículo sobre los patrones de la violencia de género, que son perfectamente extrapolables a las relaciones interpersonales, a las relaciones laborales, o a la interacción en redes sociales. Existe todo un catálogo que es el de siempre: insultar, despreciar, humillar, ignorar, desvalorizar, chantajear o culpar. No es suficiente con decir que son tóxicas, hay que familiarizarse con todas y cada una de ellas para saber identificarlas. Además, hay una serie de reacciones a estas agresiones invisibles como son el aumento del cortisol, alteraciones cardiovasculares y respiratorias, molestias digestivas, agotamiento, contracturas, dolores musculares, caída del pelo, inflamación, que resultan de la somatización de estas situaciones de violencia.

Los psicólogos recomiendan comenzar sintiendo las emociones desde el plano físico. Después, el simple hecho de aprender a detectarlas va a servir para que seamos conscientes y podamos hacerlas conscientes y tratarlas. Hablamos de lo que llaman lovebombing: mucho bombo amoroso inicial exagerado, y de pronto, conflicto terrible, ya no te quiero. Gaslighting, hacerte dudar de tu percepción, anularte, desorientarte negando hechos demostrables. Ley del hielo, castigo del silencio, ignorar al otro como forma de mostrar enfado o castigo. Control coercitivo, amenaza, chantaje emocional. Todos esas pautas se pueden identificar. Y lo que es más importante: el refuerzo intermitente, que ocurran de forma intermitente hace que se genere más adicción y dependencia emocional. Ahora te trato bien y ahora te ignoro.

Durante la guerra civil, Albacete fue bombardeado repetidas veces. Los aviones venían desde Tablada, Sevilla. Pues bien, siempre, antes de entrar a Albacete, dejaban caer bombas en cuatro o cinco lugares cercanos como Barrax o el Bonillo. La estrategia de la guerra sabe muy bien cómo se comporta el ser humano ante la violencia y cómo conseguir que no oponga resistencia. Los bombardeos solamente trataban de minar la moral de los ciudadanos. Eran puros actos de terrorismo. Cualquiera, en cualquier sitio, puede ser víctima. Por eso tenemos que intentar deshacernos del síndrome de culpa del superviviente. “A veces preferimos culparnos a nosotros mismos o nos obsesionamos con las cosas por las que nos sentimos culpables para no aceptar que el mundo es un lugar impredecible y caótico, más allá de nuestro control.” Cuanto más sepamos sobre las emociones, mejor preparados estaremos para darles cauce y hacerles frente.



Sunday, 12 December 2021

A propósito de Thanksgiving


Seis estados norteamericanos han sido azotados por distintos tornados desde el pasado viernes: Arkansas, Illinois, Kentucky, Missouri, Mississippi y Tennessee. La fuerza de la naturaleza es imparable. Ignoramos si estos fenómenos meteorológicos son consecuencia o no del cambio climático. Somos insignificantes frente a ellos, igual que estamos sujetos a nuestro entorno y resultamos ser casi siempre producto y/o víctimas de la acción del hombre sobre el hombre y la naturaleza.

En 1995, Robert Proctor e Iain Boal acuñaron el término agnotología para describir la producción estratégica y deliberada de la ignorancia. Porque, aunque nos parezca una contradicción, la ignorancia es poder. Una de las mejores formas de sembrar la agnotología consiste en hacer que sea más fácil acceder al contenido dudoso y conspirativo que al material científico. La población joven de menos de veinticinco años utiliza YouTube como principal motor de búsqueda cuando buscan información. Estamos hablando de los estudiantes de secundaria y universitarios. Por supuesto, utilizan también Google y redes sociales. Saben encontrar mucha información sin saber con exactitud ordenarla, sintetizarla o sencillamente qué es lo más relevante.

Muchos científicos, expertos y ciudadanos estamos experimentando una sensación colectiva de que nos están haciendo “luz de gas” en todo momento: el término proviene de la película Gaslight (1944) en la que el abusador de una relación desestabiliza intencionadamente el sentido de la realidad de la otra persona. Hablamos de desvirtuar adrede la historia, de desmantelar el conocimiento científico.¿Qué pasa cuando la creación de falsedades se convierte en una estrategia de quienes ostentan el poder? Entonces la agnotología o la duda y la ignorancia culturalmente inducida sobre todo con la publicación de datos que son falsos se convierte en herramienta de opresión de quienes ostentan el poder.

El cuarto jueves de noviembre es sinónimo en Estados Unidos de desfiles, mucha comida y fútbol americano. El Día de Acción de Gracias (Thanksgiving) es una fiesta nacional celebrada cada año en Estados Unidos y Canadá, quienes festejan la cosecha y otras bendiciones con una comida tradicional que incluye pavo relleno, patatas, arándanos y pastel de calabaza. Los estadounidenses creen que se basa en una fiesta de la cosecha de 1621 compartida por los colonos ingleses, conocidos como peregrinos, de Plymouth y la gente de Wampanoag.

La relación con las tribus indias no fue muy edificante. La biografía de Hugh Glass, que procedía de padres probablemente irlandeses-escoceses, explorador y hombre de la frontera estadounidense así nos lo confirma. Glass se dedicaba a la caza y al comercio de pieles y se hizo famoso a partir de una leyenda según la cual sobrevivió a un terrible ataque de una osa grizzly. El actor Leonardo DiCaprio recrea su hazaña en la película El renacido /The revenant (2015) Los hombres que quisieron buscar la ruina de este pawnee honorario -tuvo un hijo con una nativa pawnee y sabía hablar la lengua caddoana- trataron de hacer luz de gas con el trampero. Afortunadamente, no lo consiguieron y este se las arregló para sobrevivir y vengarse por el asesinato de su hijo.

Ignoramos el hecho de que la verdadera historia del Thanksgiving involucró una sangrienta conquista y masacre de indios que se negaban a entregar sus tierras a los invasores. Aproximadamente un millón de nativos americanos de entre los dos millones y medio que quedan hoy en día, residen en algunas de las 310 reservas que existen en la actualidad y que demuestran la existencia de un mundo paralelo. En Oakland (Oklahoma) los pawnee, que vestían con piel y plumas de animales, comparten reserva con los otoe, peoria y tonkawa.

El Día de Acción de Gracias es una fiesta nacional que se celebra todos los años en Estados Unidos y Canadá y que es particularmente rica en leyendas y simbolismos. Esta celebración fue especial este 2021 porque es su aniversario 400. La historia oficial cuenta que los nativos americanos de Wampanoag ayudaron a los primeros colonos europeos de Plymouth a sobrevivir en el Nuevo Mundo a pesar de las condiciones ¿Es esa la historia real de este día o preferimos ser ignorantes al respecto?. En Europa es suficiente quizá con saber que es una fiesta que marca el comienzo del Black Friday y las ofertas prenavideñas.

En el cuarto centenario de la cena con los colonos ingleses que originó la fiesta estadounidense, los Wampanoag, que sobreviven en la costa de Massachusetts, hoy en día luchan por dar a conocer la historia real de aquel encuentro y sus devastadoras consecuencias. Los nativos americanos conmemoran en esa fecha su Día Nacional de Luto manifestándose en lugares como Boston y Mashpee dejando imágenes que nos dan que pensar.

Igual necesitamos de los zarpazos de la ignorancia (violencia, intolerancia y pérdida de valores como el respeto y la dignidad) como las zarpas de la osa que atacó a Hugh Glass/Leonardo DiCaprio para aprender a darnos cuenta de la importancia de pararse a pensar de forma crítica sobre las cosas que ocurren, y sobre todo, cómo acontecen y por qué de esa determinada manera.  

Sirat (Oliver Laxe, 2025) - Camino de conocimiento

  Una rave no es una danza de derviches, pero podría simbolizar toda una mística del descubrimiento espiritual en una película de Oliver La...