Saturday, 22 January 2022

El embrujo de València: La llama de la soledad de Avelina Chinchilla

         Hoy por fin soplo con todas mis fuerzas para apagar la llama de la soledad” (p. 164)

La imagen de la portada del libro es la silueta de una estilizada figura femenina con un moño bajo que me recuerda a una fallera viendo el Hemisfèric, que parece arder a lo lejos como una falla. El fuego está también presente en la imagen de una hoguera en la contraportada. El ritual del fuego en València, la ciudad de la luz por excelencia a orillas del Mediterráneo, representa la oportunidad de cambio, la renovación. La escritora Avelina Chinchilla sitúa a su protagonista, Sandra Rojas, escritora como ella a pesar de no ser exactamente un alter ego como nos confesó ayer en la presentación de la novela, en el escenario de su ciudad natal con una naturalidad que el lector/a siente no podía ser de otra manera. Las dos: Avelina, escritora y Sandra, protagonista/escritora, pertenecen a ese mundo, se han criado allí. Por eso conocen muy de cerca aspectos que vertebran la identidad de esa ciudad y que enmarcan las referencias temporales clave en la historia: el desafortunado accidente de metro, que tuvo lugar en julio de 2006, y el fenómeno de la corrupción de los cargos políticos y las instituciones, que alcanzó su punto álgido en 2016.

    La novela La llama de la soledad, editada por Rubric (2021) es una historia de superación de traumas pasados. Nos habla de la necesidad de reconciliarnos con nosotros mismos además de con la familia y con el entorno más cercano, después de un ejercicio de introspección, de búsqueda interior de los errores cometidos que han ido dejando heridas (“Me sentía vacía por dentro”, página 33) y que han abocado a moldear una personalidad difícil y la forma en que todo este peso con el que carga hace que perciba la existencia.

    En la presentación de la obra en la Biblioteca Pública de Sant Joan d'Alacant ayer viernes 21 de enero de 2022, Esther Donate, concejala de cultura, seleccionó y leyó en voz alta uno de los momentos más importantes de la novela, que me parece relevante rememorar:

¿Pero sabes qué pasa cuando tocas fondo?Que el suelo es algo sólido. En realidad, muy sólido y no te permite caer más abajo por mucho que ese sea tu deseo. El suelo, aunque sea el de la cripta más profunda que te puedas imaginar, constituye un apoyo firme sobre el que volver a ponerte en pie. Eso es lo que me ocurrió una mañana en la que por primera vez después de mucho tiempo me atreví a mirarme desnuda en el espejo. Me enfrenté por fin a la imagen de la que llevaba huyendo toda mi vida. No fue fácil. Nada se interponía entre nosotras y fui capaz de vislumbrar la ruina física en la que me había convertido. […]...Me metí en la ducha y mis lágrimas se mezclaron con el agua. Me salieron todas las que había retenido a lo largo de mi vida. Lloré con todas mis fuerzas para dejar atrás la pérdida de papá, la de Elena, la ruptura con Carlos, la muerte de Ricky y no sé cuántos malos momentos más que tenía atravesados en medio del alma y que no me dejaban respirar [...]Dejé que arrastrara todo lo malo que había en mí, hasta sentirme pura, con una lucidez que no recordaba haber sentido jamás. Cuando un frío glacial me hizo volver en mí, sentí que una nueva Sandra, más valiente, más noble y más capaz, había renacido en mí y supe que podría superar todas las dificultades que tenía por delante.” (págs. 160-161)

    “Sabes que yo me hice escritora por Carmen, quiero decir por Carmen Martín Gaite” (p. 163) Y como Carmen, Avelina escribe con un estilo cercano de corte realista en una prosa sencilla y precisa, donde existen saltos temporales, flash-backs, hacia el pasado. Asimismo, en esta obra es clave el uso que hace con gran acierto del monólogo interior para hacer disgresiones. La escritora Sandra Rojas, protagonista de La llama de la soledad, habla con su madre, que está ingresada en la UCI, entablando un supuesto diálogo que no es sino la conversación que le hubiera gustado mantener con ella en la que se sincera consigo misma, confrontando así todas las dudas e incertidumbres que tiene con respecto a su vida. Como médica jubilada, Avelina Chinchilla conoce muy de cerca el paso de los pacientes por los hospitales. Recuerdo muy bien un impactante relato suyo titulado “Cautiva” (2018), que se desarrolla también en un hospital.

    Avelina Chinchilla es una escritora muy familiar, de valores tan sólidos como su prosa, que reivindica desde su actividad literaria la presencia de autoras y personajes femeninos en sus textos. Como le dice Sandra a su madre tras salir del hospital: “Has luchado como una jabata” (pág. 165) Gracias, Avelina, por regalarnos a un personaje femenino como Sandra Rojas, que lejos de ser pusilánime, ha demostrado tener mucho coraje, y del que nos quedamos con una sensación de conocerla como si la tuviésemos delante de nosotras, con todas sus debilidades y fortalezas, para recordarnos que es posible sostener y reparar el pasado. Seguiremos de cerca a la autora disfrutando con sus textos.



La llama de la soledad (avelinachinchilla.com) puede adquirirse en La Casa del Libro y el Corte Inglés.


Sunday, 16 January 2022

Las flores nos recuerdan que es necesaria la lluvia: la Isla de Nad(i)a

 


Al contrario que Ulises, quien desembarcó en Ítaca disfrazado de mendigo para después recuperar su trono de rey, yo arribé a mi Ítaca sintiéndome reina (al menos de mí misma) y acabé convertida en una patética mendiga. (p. 231, Jacqueline Cruz, Todas las Islas la Isla. Circulo Rojo: 2021)

El ostracismo en la Antigua Grecia era el destierro al que se condenaba a los ciudadanos que no se consideraban aptos para la soberanía popular. Este destierro, que podía ser por un periodo de diez años o bien permanente, era un terrible castigo.

Nad(i)a, la protagonista de la novela Todas las Islas la Isla de Jacqueline Cruz, vive la des(a)ventura del exilio y como absoluta heroína de la historia (héroa errante salvada de cien naufragios p. 21) se convierte en símbolo de sentimientos humanos universales en momentos adversos de nuestra existencia.

Las islas evocan lugares paradisíacos separados del mundo. La Isla es el “finis terrae”, el final de la tierra firme. A las islas no se llega fácilmente, sino que es necesario un peligroso viaje y, con él, una iniciación. El tierno y a la vez brutal relato de Nad(i)a es el de una persona que va cayendo y repiensa el tema del exilio (ese absurdo aislamiento voluntario en su caso) con todas sus interrogantes. Ella es una auténtica Hikikomori, autorecluida en una interminable espiral descendente tras lo que considera ha sido una derrota detrás de otra en su vida. Estamos ante un viaje orfeico a los infiernos en el que la Isla se convierte en el doloroso espejo de la desolación interior de la protagonista. Afortunadamente, el viaje culmina con el retorno a Tierra Firme y entonces sentimos, como los peces cuando suben a la superficie, una bocanada de oxígeno que nos repone emocionalmente.

Estamos ante una novela con una riqueza lingüística extraordinaria que se mueve en registros extremos de formalidad (abundancia de citas) e informalidad. Desde la creatividad y el juego exploratorio de la vis cómica que proporciona el lenguaje hasta la transgresión de la forma, la lectura es pura (re)creación y desafío. Son innumerables los vocablos que se inventa la protagonista, todos ellos ingeniosos y a veces delirantes e hilarantes: el Bion, aparato v(i)olador para referirse al avión, alopior es cierto, besObeso, al vesre, la ordalía de buRRocracia, Ando entre psaa y puag, la absurdidez, y porsupós, Nochemala, el inv(f)ierno, valga la rebuznancia, no te eXtreXes demasiado, miles de sorries, besotriste, mi pluriempleo deXquiciante, una conspiración de Murphies vengadores, vive-la-berza... y así podría continuar durante diez o doce líneas más. Conozco a muy contadas personas con esa capacidad de jugar con el lenguaje como si fuese plastilina, con el poder de acuñar términos propios rabiosamente expresivos: mi madre habla del cronovirus y las perres por más que haya escuchado la palabra correcta una y mil veces, y esa parte lúdica, creativa y personal del lenguaje es realmente maravillosa.

En cuanto a la forma, la innovación se produce a distintos niveles: la correspondencia epistolar por correo electrónico donde introduce el recurso de tachar líneas enteras de texto y de esa forma hacer que nos interesemos (al menos en mi caso) casi más por lo que quiere decir pero no dice, o bien contrastemos en qué se queda lo que quería decir y dijo en un ejercicio también divertido para el lector/a. Asimismo, la autora innova con el lenguaje inclusivo optando por utilizar indistintamente masculinos o femeninos genéricos, recurso que supone una relación activa y juguetona de los lectoras con el lenguaje en el texto.

El momento de epifanía para Nad(i)a se produce después de un mes de desconexión, en un escenario distinto, tras estar muchas horas contemplando el mar y se relata en forma de guión cinematográfico, de forma que las imágenes ayudan a rememorar la experiencia con más vividez, recurso que es resulta ciertamente novedoso.

La novela supone un homenaje a los autores de la vanguardia canaria que la doctora Cruz, que tiene una reconocida trayectoria académica e investigadora, conoce muy de cerca: su tesis se publicó como libro. Sus numerosos artículos, colaboraciones y traducciones, publicadas tanto en inglés como en español, están accesibles desde Google Académico.

Con objeto de romper con el canon masculino, me gustaría mencionar a la poeta canaria Alba Sabina Pérez. Creo que el comienzo de su poema Manual de autoayuda puede ayudar a hacernos sentir más fuertes. 

                                         MANUAL DE AUTOAYUDA


Espero a que sean las doce
para que abran el bar
y lamentar allí
sin atropellos, sin excusas,
que los últimos días de mi vida
están siendo felices. 
 
Me hablo a mí misma:
Cálmate y bebe agua,
sal de ti y deja de mirarte,
entiende tus presagios,
aprende a pasear
sin contagiarte del color del suelo,
haz las tareas,
habla con propiedad,
exígete desobedecerte,
y que se te cuente
que has llegado aquí
y este lugar es una guerra
pero también
un trazo de tiza en el mar. [...]

Felicitar a Jacqueline Cruz por su admirable ejercicio personal y literario que no nos deja impasibles y desearle muchos (pre)teXtos para que nos siga deleitando con sus teXtos.

Thursday, 6 January 2022

Pájaros de barro en jaulas de cristal: la mirada lúcida de Bego Torregrosa

Hace tiempo que no leía un libro de relatos de un tirón disfrutando tanto como me ha ocurrido con Mensaje en un jersey de rayas, de la autora alicantina Bego Torregrosa, publicado por la editorial madrileña Adeshoras. No me extraña que la autora dirija una Escuela de escritura creativa en Alicante, porque está claro que sabe fabular como nadie. Sus relatos se sustentan en historias muy bien construidas donde los personajes no tienen en ocasiones nombre porque ni lo necesitan: las historias son lo que permanece, enredadas en la imaginación durante mucho tiempo después de haberlas leído, y eso es lo que de verdad cuenta.

    Los relatos que aparecen en este libro parten del necesario puente entre el mundo interno de los pensamientos y sentimientos de los protagonistas, por un lado, y el mundo de las acciones y las situaciones que viven, por otro. De esta forma, constituyen para el lector un momento de búsqueda donde queda el espacio necesario para poder construir posibles significados, como la buena narrativa.

    A veces pienso en nuestra existencia como pájaros en una jaula cuya puerta está entornada. Ante nuestra terrible desesperación, no vemos ninguna posible salida. Suponemos que el pájaro buscará, por naturaleza, los espacios abiertos. Sin embargo, los pájaros, convertidos en jaulas, como dice Pizarnik, pueden llegar a devorar nuestras esperanzas. Las jaulas están por todas partes.

    «Hago pájaros de barro y los echo a volar»

    La vida es para todos nosotros un cuento, un relato, una narración construida por la memoria. Desde que aprendemos a manejarnos con las primeras palabras, como seres humanos, necesitamos las historias de forma compulsiva. El legado de la buena literatura, el verdadero gozo, no es el mero divertimento, sino el hecho de confrontar al lector con decisiones que le inquietan, con personajes que se interiorizan como modelos humanos, con apreciaciones que cuesta ver de primeras. Por eso el guiño al lector y el humor son tan necesarios y la autora sabe usarlos con gran maestría (“Trabajo de campo”, “Jardinería”)

    Una paloma en una caja de zapatos puede representar el anhelo de un niño de salir de una situación insostenible que no sabe cómo expresar y que tiene que ver con las discusiones de sus padres (“Volar”). La infancia, los malos tratos, la difícil gestión de las emociones cuando vemos el mundo de arriba de los adultos desde abajo, se encuentra descrita con gran dulzura no exenta de dolor (“Tie break”) y siempre en relación a trasfondos muy particulares (“Ir solo”). Cómo las relaciones pueden convertirse en jaulas, desde la rutina, el final del amor (“Dónde estás, amor”), el dolor auténticamente físico que llega a producir la infidelidad del otro (“No hay nada”) o la anticipación de cómo va a ser la recuperación emocional del otro visto desde la mirada de nuestra ausencia (“Mensaje en un jersey de rayas”).

    El estilo limpio e impecable en el que están escritos los cuentos de este volumen me recuerda a los grandes maestros italianos del cuento del siglo XX como Alberto Moravia e Italo Calvino, por citar los dos primeros que me vienen ahora mismo a la cabeza. Si tuviera que elegir un relato de entre los trece que conforman Mensaje en un jersey de rayas así, a bote pronto, como se dice por estas tierras de Levante, sería algo muy de la terreta: “Mojama”. Lo leí sentada en un banco en un parque infantil donde unos niños jugaban y recuerdo que reí y lloré en la misma medida. Me pareció muy entrañable.

    Bego Torregrosa, eres una excepcional contadora de historias. Una súplica: «No dejes de seguir contándonos cuentos porque los necesitamos ahora más que nunca».

    


Mensaje en un jersey de rayas se puede encontrar en la Casa del Libro de Alicante.




Saturday, 25 December 2021

El belén del yayo

 Anoche mi hermana me envió unas fotos y un vídeo donde salían los que pudieron reunirse con mamá a pasar la Nochebuena. Yo estaba rara, no estaba conforme, había algo que faltaba en aquel vídeo de WhatsApp que vi muchas veces. Y no era simplemente la presencia de ellos por allí cerca.

    Esta mañana de Navidad, al abrir los ojos, he entendido que lo que eché en falta era el belén del yayo, ese que comenzó con el portal que conservábamos con las mismas figuras de los años setenta y que en un principio estaba sobre el taquillón. Al abrir la puerta, se encendían automáticamente las luces de la entrada y se accionaba el radiocasete con la cinta de los villancicos. Aquel belén navideño primigenio, mejorado con la tecnología incorporada, sirvió para ganar un concurso de belenes que organizó el supermercado del barrio. El jurado vino a casa y quedó gratamente impresionado por las luces inesperadas y la música que sobresaltaba a las visitas en el mismo instante de abrirse la puerta. En aquella iluminada y estruendosa escena navideña, porque los villancicos había que escucharlos “a todo trapo”, abundaban los animales, que al parecer procedían de un conjunto de figuras de algún juego de una granja. Efectivamente, existían más figuras animales que humanas: gallinas, cerdos, patos, borriquillos, aves de corral..., hasta se podía ver algún ejemplar de cebra rallada o rinoceronte bebiendo del río de papel de aluminio.

    La decisión de cambiar de lugar el belén vino precedida de varios atentados infantiles, de los que mi propio hijo, que fue testigo de los mismos comienzos del belén "animalado", fue protagonista, no lo niego. Pero la verdadera razón de cambiarlo de sitio fue una Nochebuena en la que, definitivamente, desde la mesa del taquillón donde se accedía al pasillito estrecho que conduce a la cocina, cada uno que pasábamos por allí por lo visto según mi madre nos dedicamos a “arrearle un meneo”, de forma que al final de la noche quedó hecho un desastre. El lugar elegido para el traslado durante la siguiente Navidad fue un rincón que resultó ser ideal. Cuando se acristaló el balcón del salón, se descubrió que la esquina izquierda era un sitio magnífico para ubicar nuevamente el belén. Allí, en ese rinconcito, el belén se irguió como un jardín vertical, sobre unas rocas en pendiente con su musgo, nieve, palmeritas y vegetación baja.

    El yayo era el artífice del belén, pero Mª Jesús, como la tía preferida, aportaba muchas ideas ayudando en su diseño y expansión. La escena vintage de la natividad de toda la vida ocupaba el lugar central, aunque la cara de san José estuviese desdibujada y se hubiese desconchado el manto de la virgen. El nacimiento estaba a media altura, entre el cielo y la tierra, lejos del alcance de los niños y niñas que comenzaban a ir en imparable aumento, como las figuritas que se incorporaban al belén. Lo más extraordinario que recuerdo es cuando se incorporó agua real al nacimiento. El motor de un viejo exprimidor servía para accionar la bajante del agua que se recogía en un cubo pequeño debajo de la mesa y volvía a recorrer el curso de un río salpicado de puentes con sus lavanderas hacendosas cerca de una de las orillas. Cuando vi aquel prodigio de ingenio, entendí que el yayo y Mª Jesús eran belenistas profesionales, capaces de dar vida a aquel rincón mágico donde nos quedábamos embelesados con los peques descubriendo todos los detalles.

    Hago recuento de mis paseos con papá la última Navidad en la que, efectivamente, también puso el belén en casa. Una mañana gélida, como lo son todas en Albacete durante el mes de diciembre, llegamos a una iglesia del barrio de la estación para ver el belén que había ganado no sé qué premio. Tuvimos que llamar al sacristán para que nos abriera. Encendió amablemente la luz de la iglesia y poco a poco fue iluminando y poniendo en acción todos los sectores de aquella preciosidad de Belén. Íbamos cogidos del brazo, descubriendo y disfrutando juntos. Ahora que lo pienso, yo sigo siendo la niña que vio cientos de belenes con el yayo durante muchos años. Por eso entiendo que lo que eché de menos anoche en ese vídeo que me envió mi hermana es precisamente que no estaba el rincón del belén del yayo.  


Sunday, 19 December 2021

¿De qué está hecho el miedo?

 


                                                Para quien tiene miedo, todo son ruidos (Sófocles)


El miedo está hecho del recuerdo de luchas antiguas,

de huidas que imaginamos imposibles, de incertidumbres.


El miedo está hecho de barro: se queda húmedo entre los dedos,

se seca en los tacones de tus botas. Lo enfanga todo.


El miedo es asesino silencioso de la mente,

ladrón de mi yo, agorero de la desesperanza.


Porque tengo miedo hasta de tener miedo.


El miedo me convirtió en asesino de mis propios anhelos,

en policía de mis hermanos.


El miedo se acabó cuando solamente yo elegí no tenerlo.

Entonces, convencí a mi fantasía para que no se desbocara.


Esperé a que el miedo llamara a mi puerta

y cuando la abrí, vi que no había nada.


Aprendí a convivir con él.

Lo acepté y me permitió seguir adelante.


Desde aquel momento, soy una persona libre.


Sunday, 12 December 2021

A propósito de Thanksgiving


Seis estados norteamericanos han sido azotados por distintos tornados desde el pasado viernes: Arkansas, Illinois, Kentucky, Missouri, Mississippi y Tennessee. La fuerza de la naturaleza es imparable. Ignoramos si estos fenómenos meteorológicos son consecuencia o no del cambio climático. Somos insignificantes frente a ellos, igual que estamos sujetos a nuestro entorno y resultamos ser casi siempre producto y/o víctimas de la acción del hombre sobre el hombre y la naturaleza.

En 1995, Robert Proctor e Iain Boal acuñaron el término agnotología para describir la producción estratégica y deliberada de la ignorancia. Porque, aunque nos parezca una contradicción, la ignorancia es poder. Una de las mejores formas de sembrar la agnotología consiste en hacer que sea más fácil acceder al contenido dudoso y conspirativo que al material científico. La población joven de menos de veinticinco años utiliza YouTube como principal motor de búsqueda cuando buscan información. Estamos hablando de los estudiantes de secundaria y universitarios. Por supuesto, utilizan también Google y redes sociales. Saben encontrar mucha información sin saber con exactitud ordenarla, sintetizarla o sencillamente qué es lo más relevante.

Muchos científicos, expertos y ciudadanos estamos experimentando una sensación colectiva de que nos están haciendo “luz de gas” en todo momento: el término proviene de la película Gaslight (1944) en la que el abusador de una relación desestabiliza intencionadamente el sentido de la realidad de la otra persona. Hablamos de desvirtuar adrede la historia, de desmantelar el conocimiento científico.¿Qué pasa cuando la creación de falsedades se convierte en una estrategia de quienes ostentan el poder? Entonces la agnotología o la duda y la ignorancia culturalmente inducida sobre todo con la publicación de datos que son falsos se convierte en herramienta de opresión de quienes ostentan el poder.

El cuarto jueves de noviembre es sinónimo en Estados Unidos de desfiles, mucha comida y fútbol americano. El Día de Acción de Gracias (Thanksgiving) es una fiesta nacional celebrada cada año en Estados Unidos y Canadá, quienes festejan la cosecha y otras bendiciones con una comida tradicional que incluye pavo relleno, patatas, arándanos y pastel de calabaza. Los estadounidenses creen que se basa en una fiesta de la cosecha de 1621 compartida por los colonos ingleses, conocidos como peregrinos, de Plymouth y la gente de Wampanoag.

La relación con las tribus indias no fue muy edificante. La biografía de Hugh Glass, que procedía de padres probablemente irlandeses-escoceses, explorador y hombre de la frontera estadounidense así nos lo confirma. Glass se dedicaba a la caza y al comercio de pieles y se hizo famoso a partir de una leyenda según la cual sobrevivió a un terrible ataque de una osa grizzly. El actor Leonardo DiCaprio recrea su hazaña en la película El renacido /The revenant (2015) Los hombres que quisieron buscar la ruina de este pawnee honorario -tuvo un hijo con una nativa pawnee y sabía hablar la lengua caddoana- trataron de hacer luz de gas con el trampero. Afortunadamente, no lo consiguieron y este se las arregló para sobrevivir y vengarse por el asesinato de su hijo.

Ignoramos el hecho de que la verdadera historia del Thanksgiving involucró una sangrienta conquista y masacre de indios que se negaban a entregar sus tierras a los invasores. Aproximadamente un millón de nativos americanos de entre los dos millones y medio que quedan hoy en día, residen en algunas de las 310 reservas que existen en la actualidad y que demuestran la existencia de un mundo paralelo. En Oakland (Oklahoma) los pawnee, que vestían con piel y plumas de animales, comparten reserva con los otoe, peoria y tonkawa.

El Día de Acción de Gracias es una fiesta nacional que se celebra todos los años en Estados Unidos y Canadá y que es particularmente rica en leyendas y simbolismos. Esta celebración fue especial este 2021 porque es su aniversario 400. La historia oficial cuenta que los nativos americanos de Wampanoag ayudaron a los primeros colonos europeos de Plymouth a sobrevivir en el Nuevo Mundo a pesar de las condiciones ¿Es esa la historia real de este día o preferimos ser ignorantes al respecto?. En Europa es suficiente quizá con saber que es una fiesta que marca el comienzo del Black Friday y las ofertas prenavideñas.

En el cuarto centenario de la cena con los colonos ingleses que originó la fiesta estadounidense, los Wampanoag, que sobreviven en la costa de Massachusetts, hoy en día luchan por dar a conocer la historia real de aquel encuentro y sus devastadoras consecuencias. Los nativos americanos conmemoran en esa fecha su Día Nacional de Luto manifestándose en lugares como Boston y Mashpee dejando imágenes que nos dan que pensar.

Igual necesitamos de los zarpazos de la ignorancia (violencia, intolerancia y pérdida de valores como el respeto y la dignidad) como las zarpas de la osa que atacó a Hugh Glass/Leonardo DiCaprio para aprender a darnos cuenta de la importancia de pararse a pensar de forma crítica sobre las cosas que ocurren, y sobre todo, cómo acontecen y por qué de esa determinada manera.  

Wednesday, 8 December 2021

Lo que deberíamos saber

Este fin de semana de puente sin grandes viajes nos hemos escapado a la miniserie The Undoing (2020). Ver a Nicole Kidman, ese metro ochenta de mujer tan bien aprovechada, tan fina y además, maravillosa actriz -no puedes quitar los ojos de ella- vistiendo prendas inolvidables mientras camina por el Central Park y las calles colindantes ya vale la pena por sí mismo. Poder visitar esas casas que nunca habíamos podido imaginar que existieran en Nueva York donde el colorido de las paredes, los suelos y las piezas de mobiliario están en consonancia con las vidas que llevan sus moradores. Visualmente es una serie fantástica, como muchas otras.

Y la historia... La historia se repite una y otra vez en muchas otros relatos de violencia de género. La realidad en ocasiones supera a la ficción. Ayer me desperté del pestañeo de siesta en el sofá aterrorizada con los detalles de la noticia de la violenta muerte a cuchilladas de Cristina Blanch Mortes, la última víctima de la violencia de género, a manos de su novio, Alberto L.H., profesor de criminología, ética y no sé qué otras cosas en la Universitat de València. Compartían vivienda en el barrio de L'Eixample de Valencia donde fue la madre de Cristina la que la encontró. A pesar de que los detalles de cómo se cometió un asesinato muchas veces lo dicen todo, no voy a entrar en el caso de Cristina. Es sórdido y triste. Pero sí que hay que hablar de ella. Era una chica muy brillante y preciosa ¿Cómo no advirtió señales?. Sabiendo más puede ser que estemos más cerca de erradicar de una vez por todas esta lacra que nos está minando la moral.

Lo que me desconcierta de la violencia de género es cómo personas normales y corrientes llegan a ese extremo salvo que ya fueran siempre así y nunca se les hubiera desenmascarado.

En un curso por zoom sobre salud mental con motivo del 25N se habló sobre cómo una mujer en una relación puede caer en darlo todo y no ver dónde comienza el maltrato. Y se habló de algo muy importante: ellos son socialmente adaptados. Son el señor que ves tan amable en el ascensor o en la panadería.

Donald Sutherland, que está soberbio, le dice a su hija Grace/Nicole, en un momento de la serie algo así como: “Tú siempre sabes ver a la gente a la legua, eres muy lista para eso (ella es una eminente psicoanalista) y esto ¿tan ciega estás que no ves?” Vemos lo que nos encaja ver. No vemos venir porque estamos inmersas.

Lo más espeluznante de estos casos no es el crimen en sí, sino la saña con la que se cometen y sobre todo la sangre fría con la que intentan escapar de ser acusados cuando ya todo en sus vidas va cuesta abajo. The undoing es la perdición, la caída, la ruina de alguien o algo. El abogado y profesor de la UV escapó por una ventana para despistar y se inventó un supuesto robo... Su novia no fue encontrada hasta el día siguiente.

¡No hay ningún tipo de sufrimiento por el daño ajeno, no hay arrepentimiento! Es todo cuanto debemos recordar que es así, sin intentar entenderlo.

El 016 es el teléfono para las víctimas. El 112 para los testigos de algo que vemos cerca y que no nos cuadra.

Sirat (Oliver Laxe, 2025) - Camino de conocimiento

  Una rave no es una danza de derviches, pero podría simbolizar toda una mística del descubrimiento espiritual en una película de Oliver La...